lunes, 13 de julio de 2009

El Bolo Cabizbajo (papermind 11)


Las bolas de tenis son acariciadas por suaves manos; de adorables niños y niñas o en el mejor de los casos de bellezas vestidas de blanco corto y nuclear. Bola de break! Bola de juego! Bola de set! Bola de partido! Que buena bola! Siempre nuevas, relucientes, recién vestidas de angora limón; deslumbrantes! Una corta vida pero intensa; llena de polvos blancos, cocktails y mujeres y hombres educados, atléticos y perfumados.

Las bolas de fútbol son veneradas. Cuando deciden abrazar las redes, las emociones se encadenan. Gritos, silencio; ánimo, desánimo; euforia, depresión. Hoy una buena cena, hoy no ceno. Hoy buen sexo; hoy nada de sexo. Son queridas por todos; los jugadores las besan cuando marcan; las coleccionan cuando trimarcan. El público las acoge entre sus ropas cuando deciden pasear por las gradas. “En casa estarás bien; en vitrina, armario o con un nuevo amigo con el que pasar el rato”. Viajan, visitan estadios y las exponen en miles de museos. Los fotógrafos siempre pendientes de ellas; los jugadores siempre esperando que lleguen y los aficionados siempre deseando que rueden.

Las bolas de golf campan a sus anchas por verdes prados. Aire puro, inmensidad y paisaje. De hoyo en hoyo, entrando y saliendo...los hoyuelos las hacen muy sexys; irresistibles. Fama, dinero. Contactos. Empresarios y empresarias adinerados. Días soleados y sólo 3-4 horas de trabajo por jornada. Siempre acomodadas, reposando sobre sus estimables amigos los tees. Vida contemplativa. Dicen que no dan pie con bola; creo que tienen razón.

Los bolos somos poco agraciados; anchos de caderas, estrechos de hombros, pálidos y torpes, dubitativos. Me caeré? Aguantaré? Me estiro o estoy mejor de pie? Tambaleo. Siempre rodeados de oscuridad, en lúgubres locales regentados habitualmente por señores vulgares, maleducados, soeces, sucios, gordos y malolientes. Aliento a cerveza. Gritos intimidatorios, amenazas y violencia. Los medios nunca nos miran ni escuchan. Nacimos en la bolera y aquí moriremos. Siempre escondidos en zulos oscuros, cayendo y volvíendonos a levantar; cada día con los mismos compañeros; escuchando los mismos lamentos, los mismos miedos y los chistes malos de siempre. Visto así, nuestra existencia no es tan distinta a la de los jugadores.Triste...

Por Carles Murillo

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